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Artículos etiquetados y‘The Daily Show’

El humor surrealista de Rob Corddry

Rob Corddry se hizo famoso, entre otras cosas, por aparecer durante varios años como corresponsal en The Daily Show, el programa de Jon Stewart, que parece una máquina bien engrasada de producir actores para series e, incluso, para Hollywood.

Es el caso de Ed Helms, uno de los protagonistas de The Hangover. También el de Steve Carrell, que pasó del show de Stewart a The Office y acaba de dejar la exitosa serie después de 7 temporadas para dedicarse en exclusiva a su carrera en el cine. Otros muchos van y vienen (Olivia Munn, John Oliver en Community, etc…).

Entre estos últimos está Rob Corddry. Se le pudo ver en alguna serie o película menor después de su paso por el late night de Jon Stewart, pero casi se le había perdido la pista. Tenía que reinventarse a sí mismo. Y lo ha hecho como productor, director y guionista de Childrens Hospital, una disparatada comedia que puede verse en Adult Swimm (filial para adultos de Cartoon Network), aunque en sus inicios se emitía sólo por Internet. De ahí la poca duración de cada episodio (5 minutos).

No es más que una gran parodia de muchas de las series ‘de médicos’ de los últimos tiempos, aunque si dijéramos que en realidad es un palo a Anatomía de Grey no nos equivocaríamos demasiado. El propio Corddry dijo de la serie de Shonda Rhimes que “pretendía saltar el tiburón (jump the shark) en cada episodio” y admitió haberse inspirado en ella para dar forma a Childrens Hospital, algo que se comprueba simplemente viendo el primer episodio.

Anderson Cooper: un modelo de periodismo en peligro de extinción

Todos sabemos lo que es un enviado especial. Y al que se le hubiera olvidado, las recientes crisis en Túnez, Egipto y Libia (entre otras) se han encargado de recordárselo: es ese tipo que se juega la vida, en mayor o menor medida, según las condiciones en las que pueda realizar su trabajo y/o la gravedad de la situación que esté cubriendo sobre el terreno.

Puede que el término más adecuado no sea enviado especial, ya que no estoy hablando aquí del reportero que la cadena manda a cubrir la feria del ganado de Cáceres o el gran premio de Fórmula 1 de Monza. Quizá lo más cercano sería el americano war correspondant, es decir, ese periodista que se monta en un avión, acompañado por su cámara, a la aventura. Si tiene suerte, y trabaja para una cadena importante, quizá cuente en el país de destino con algo de apoyo logístico, quizá con alguna filial de la cadena, o del grupo, donde pueda apoyarse. En otras ocasiones, como es el caso reciente de Libia, ni siquiera eso.

Voy a tomar como ejemplo el caso de Anderson Cooper, reportero de guerra durante muchos años, especializado recientemente en este tipo de conflictos/revoluciones breves e intensas. Cuando no está en el extranjero, dirige y presenta el programa AC 360º en la CNN americana. Aunque no hayas visto jamás la televisión estadounidense, el tipo te suena, seguro. Lo habrás visto de fondo en los vídeos subtitulados que pasan las cadenas españolas cuando ocurre algo gordo y no se consiguen recursos propios con tanta rapidez.

Cooper ha sido noticia en todo el mundo por ser uno de los periodistas agredidos por defensores de Mubarak durante la revuelta en El Cairo. El hecho de ser un personaje muy reconocido en su país y trabajar para la CNN llevó la noticia de su agresión a las televisiones de todo el mundo, ejemplificando en él todo el conjunto de los ataques a periodistas en Egipto. Según Cooper, son riesgos de la profesión, y hay que asumirlos.

Hasta aquí bien. Lo que me llamó la atención, sin embargo, es la reacción de algunos medios norteamericanos hacia determinados comentarios de Anderson Cooper tras aquel discurso del ex presidente egipcio donde anunciaba, una vez más, la marcha atrás en su decisión de abandonar el país.

El periodista de la CNN criticó a Mubarak. Le llamó mentiroso en directo, y no se limitó a dar una opinión, sino que lo acompañó con hechos, con datos. Al fin y al cabo, él había vivido toda la revolución prácticamente desde su inicio.

Siguió repitiendo las mismas mentiras, que todo esto es algún tipo de interferencia extranjera y que eran los extranjeros los que estaban pagando entre 100$ y 100 euros a los manifestantes para motivarlos a acudir a las protestas. Habló acerca de que no aceptarían ningún tipo de intervención desde el exterior. Intenta jugar con el orgullo nacional, diciendo que resistirán cualquier tipo de intromisión de los Estados Unidos y otros países que quieren decirle a Egipto lo que tiene que hacer. Lo digo otra vez: esto son mentiras de un régimen que quiere seguir en el poder. Dice que no es sobre Hosni Mubarak, sino sobre el pueblo de Egipto. En realidad cree que Egipto es él.

El ataque, sobre todo desde medios de la competencia, no se hizo esperar. Y quizá este tipo de ataque duela más que los golpes que se llevó en El Cairo. Particularmente crítico fue James Rainey, un columnista del periódico L.A. Times. En su artículo, Rainey no entendía como un periodista, al que se supone objetivo, puede llamar mentiroso a Mubarak catorce veces durante un mismo programa, y veía en la actitud de Anderson Cooper un giro de su cadena, CNN, que tradicionalmente ha apostado por la información objetiva, hacia el modelo de sus dos grandes competidoras, Fox News y MSNBC. Ambas superaron a CNN en audiencia durante todo 2010, algo impensable hace una década, aunque la cadena de Cooper ha recuperado la segunda posición gracias precisamente a su cobertura de estas crisis.

Y es que ese modelo, el de primar el comentario, la opinión, por encima de la información, es el que parece gustar a los espectadores americanos. Fox News rellena su programación con tipos como Glenn Beck o Bill O’Reilly, acompañados de ex candidatos republicanos como Sarah Palin o Mike Huckabee, y prima el comentario político, bajo una línea editorial bien marcada, sobre todo lo que huela a información verídica. El caso de Glenn Beck sería digno de análisis. A aquellos de vosotros que habléis inglés os recomiendo hacer una búsqueda rápida en google y ver algunos de sus vídeos: no tienen desperdicio. Por su parte, MSNBC hace algo parecido, pero desde el flanco izquierdo de la política americana.

Yo no sé si CNN ha entrado directamente en esta lucha de audiencias o seguirá intentando mantener una postura medianamente objetiva. Lo que está claro es que o el público está cada vez más politizado y lo único que quiere es que le den los argumentos ya masticados para que sólo haga falta tragar, o aquí algo falla.

Pero lo que falla no es Anderson Cooper. No es un tío que se arriesga a recibir palizas, balas o un bombazo allá por donde va. Que llame mentiroso al dictador que ha conducido a su pueblo a la rebelión (pacífica) tras más de 30 años de opresión está más que justificado. Además, aportando datos: esto es así, y esto es lo que dicen en la televisión pública egipcia: están mintiendo, no hay vuelta de hoja.

La primacía del comentario y de la falsa objetividad nos lleva a veces a intentar incluir a todo el mundo, por aquello de dar voz a todas las partes implicadas en el conflicto, y tratarlas a todas por igual. Eso, al menos para mí, no es objetividad. Para Anderson Cooper, tampoco, y así lo explicó en el programa del martes de Jon Stewart. Y es que el periodista americano no ve problema alguno en llamar a alguien mentiroso cuando “lo que dice no es verdad y encima es demostrable“.

Y yo tampoco.

Nos vamos de manifa 2.0 por Washington DC

Hay dos programas en la televisión americana (concretamente, en Comedy Central) que se distinguen por tratar la información de actualidad de forma irónica, acercando las noticias a un público más joven, y, sobre todo, con una ideología concreta (liberal-demócrata). Son The Daily Show (Jon Stewart) y The Colbert Report (Stephen Colbert).

Uno de sus principales argumentos durante los dos últimos años ha sido el destacar cómo los medios de comunicación estadounidenses han radicalizado sus posturas con el paso del tiempo, hasta alcanzar un nivel de enfrentamiento que ha ocultado la discusión sobre cualquier ámbito importante de la política nacional.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de estos dos presentadores fue el rally (concentración, marcha) que organizó Glenn Beck, un talk host show de extrema derecha que trabaja para Fox News. Esta marcha coincidía en el tiempo y en el espacio con el famoso discurso del Doctor King (I have a dream), lo que enfureció a gran parte de la audiencia de estos programas e impulsó a sus conductores a organizar un rally parecido para protestar por la dirección que están tomando los medios de comunicación de su país.

Contar con una plataforma como un programa de televisión, con una audiencia firme y consolidada era un gran paso para movilizar en la explanada del Mall de Washington D.C. a miles de personas el pasado 30 de octubre. Sin embargo, lo que nos llama la atención de esta propuesta es su utilización de las nuevas tecnologías para involucrar aún más a la gente en el proyecto y hacerla partícipe de lo que intentaban conseguir o, al menos, poner de manifiesto.

Empezaron con algo simple, como es la creación de las dos páginas web del evento. En ellas se podía conseguir todo tipo de información, localización, alojamiento, viaje hasta Washington, etc. Decimos dos, porque en un principio la organización se encargó de dejar claro que eran dos concentraciones diferentes. Una para promover la concordia y las buenas formas y otra para “mantener vivo el miedo”. Cada una representada por uno de los dos conductores de la cadena, aparentemente de ideologías opuestas, aunque en el fondo es sólo una pose.

El siguiente paso fue involucrar a la gente a través de las redes sociales. Para ello se abrió un evento en Facebook y unacuenta en Twitter, promoviendo además varios hashtags:#rally4sanity #stewartrally #sanityrally #rallytorestoresanity #keepfearalive #colbertrally #march4fear

La respuesta de la gente fue masiva, por lo que la organización decidió además publicar una aplicación oficial de la marcha, gratuita para Iphone y Android, y donde en colaboración con varios servicios externos los asistentes podían involucrarse más aún y vivir de cerca el acontecimiento, participando activamente y compartiendo contenido con el resto de manifestantes, así como seguir las últimas actualizaciones sobr el evento en las redes sociales. Todo desde la misma aplicación.

En concreto, y gracias a Foursquare, desde la propia aplicación uno podía hacer “Check in” en el evento, a favor de uno de los dos cómicos, es decir, a favor de la razón o del miedo. Ello dio lugar a toda una competición en antena entre los dos presentadores durante el mes previo a la marcha.

También se ofrecía la posibilidad de subir imágenes directamente desde el teléfono móvil a Flickr, imágenes que después se publicarían en la web oficial y de las que se haría uso en el programa de televisión.

Una de las ideas que surgieron a partir del uso de esta aplicación oficial para subir imágenes desde el evento fue hacer coincidir este con Halloween. De este modo, muchos de los asistentes acudirían al evento disfrazados. Por ello se habilitó una web donde toda la audiencia podía votar los disfraces que más miedo dieran.

En resumen, se trata de utilizar Internet, las redes sociales y las aplicaciones móviles para promocionar un evento que fue un éxito, en gran parte, gracias a las nuevas tecnologías. Como bonus, todo ese material podía ser utilizado, y de hecho lo fue, como contenido del programa de televisión durante las semanas previas a la marcha e incluso después de la misma. Contenido generado por el usuario, por la audiencia, gratis e inmediato.

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