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Se cansaron de ver televisión de calidad

23 junio, 2011 1 Comentario

Me despierto esta mañana con una noticia de El País. El titular, ‘Los jóvenes vuelven a la televisión’, y el primer párrafo, éste:

Ha sido un viaje de ida y vuelta. Los jóvenes, que habían dado la espalda a la televisión para caer en brazos de los formatos digitales (especialmente Internet), regresan a la pantalla tradicional. Las nuevas tecnologías, desde los teléfonos inteligentes hasta las redes sociales, han ido copando parcelas cada vez más significativas del ocio de los jóvenes. Pero este fenómeno ha entrado en declive.

Ya está. Se acabó. Lo de bajarse las series americanas de Internet está en declive. Fue bonito mientras duró. Los zagales aprendían más inglés del que un sistema educativo caduco les ofrecía en el instituto, mientras disfrutaban de unos contenidos de calidad que no siempre pueden ver en la televisión de su país, y mucho menos gratis. Además lo veían cuando les apetecía, como querían y donde les daba la gana. Pero todo eso se acabó. Han vuelto a la tele. ¿La razón? Pues, aunque parezca mentira, el artículo lo dice bien claro: la de siempre, la crisis.

Os preguntaréis lo mismo que yo. ¿Qué coño tendrá que ver la crisis en todo esto? Ni idea. El caso es que los datos son abrumadores: los jóvenes consumen 8 minutos más de televisión al día. 8 minutazos, 480 segundos más de televisión cada día. Y eso no puede significar otra cosa: se acabó lo de ver las series por internet y que se vaya preparando Google para la quiebra de Youtube. El declive ha comenzado.

Porque esos 8 minutos de aumento seguro que no se deben al incremento de publicidad. Tampoco a la repetición de cebos en las secciones deportivas de los informativos, que cada mes duran más y más, como los conejitos de Duracell. No. Se deben a la crisis y a que los jóvenes se han cansado de ver buenos contenidos de forma gratuita y con mayores facilidades. Es impepinable, no hay quien rebata el argumento del artículo.

A lo mejor es que preferimos creernos que el declive es real. Que, efectivamente, ha sido un viaje de ida y vuelta. Que lo que importa es el soporte y no los buenos contenidos. A lo mejor nos viene bien seguir con los ojos cerrados, mientras la industria televisiva de éste y otros muchos países se va al garete por no saber encontrar la fórmula mágica. Desde luego, a ciegas va a resultar mucho más difícil.

Porque partimos de un error de concepto. Los jóvenes no han vuelto a la televisión porque nunca se fueron. Siguen viendo las mismas series y los mismos contenidos.

Lo que pasa es que se han dado cuenta de que hay vida más allá de Sálvame diario y Vuélveme loca, de que pueden acceder a series de calidad por las que tendrían que pagar 50 euros de abono a una plataforma digital. Que pueden además hacerlo cuando quieran y donde quieran, y que lo de que el actor mueva los labios y tú oigas otra cosa no es de recibo. Y además practican el inglés, ese idioma que en este país necesitas para ser camarero de chiringuito pero no para ser elegido presidente del Gobierno.

Podemos aceptar la situación e intentar sacar provecho de esta nueva manera de consumir televisión o podemos seguir con la venda en los ojos hasta que sea demasiado tarde. Lo que en ningún caso podemos hacer es atribuir a un dato totalmente aleatorio el fin de una tendencia que no ha hecho más que comenzar.

¿Por qué lo llaman televisión cuando quieren decir cine?

Seguro que habéis leído aquello de que, de un tiempo a esta parte, los mejores directores ya no se dedican al cine, sino que les da por las series de televisión. Incluso actores que hace una década hubieran considerado aparecer en la pequeña pantalla como un paso atrás en su carrera están empezando a aceptar papeles protagonistas en muchas de estas producciones.

Si hablamos de guionistas está claro que los mejores hace ya tiempo que trabajan para HBO, AMC, FX, FOX, etc… porque, seamos serios, en estos últimos años, ¿cuántas películas buenas hemos visto? Buenas de verdad, de las que sales del cine dándole vueltas a la cabeza, envidiando al guionista de semejante maravilla.

Hay un género en el que este fenómeno es si cabe más evidente: la ciencia ficción. Si descartamos Inception, en los últimos años no hemos visto ni una sola película de ciencia ficción decente. No, no me vale Avatar. El sueño de James Cameron es un despliegue técnico espectacular que cambiará la forma de hacer cine, pero nada más. El guión no era nuevo. Pocahontas con más azul, nada más.

Entre monstruos que destruyen ciudades, invasiones alienígenas cada vez más inverosímiles y refritos de Star Trek y Star Wars, poco o nada original hemos visto.

Sin embargo sí hay series de televisión que han tirado por el terreno de la ciencia ficción con un resultado espectacular. Podríamos hablar del remake de Battlestar Galactica que terminó hace unos años en la cadena americana Syfy. Podríamos hablar también de la nueva versión de Doctor Who en la BBC, o del exitazo de Lost en ABC.

Pero lo de Fringe es otra cosa. JJ Abrahams se sacó de la manga lo que parecía simplemente un intento de estirar el éxito que cosechó con Lost y lo convirtió en un producto magnífico que te mantiene enganchado semana tras semana, y que sobrevive ya tres temporadas luchando con los ejecutivos de FOX, que buscan más audiencia que la que el show produce. Y es que no es de extrañar, ya que a la mayoría lo que le gusta es que le den las cosas mascaditas, y un producto de ciencia-ficción, pero sobre todo de ciencia, absurda, incomprensible, extraña y a veces sobrenatural requiere un esfuerzo mayor que un culebrón como Gossip Girl.

El otro día me preguntaron por qué película de lo que llevamos de año hubiera pagado gustosamente los 7 euros que vale la entrada del cine. Mi respuesta fue clara, y ni siquiera tuve que pensarlo demasiado: por ninguna. Por eso, tras ver el trailer que la gente de FOX ha elaborado para el season finale de la tercera temporada de Fringe, puedo decir sin ningún tipo de dudas que yo sí pagaría la entrada si en vez de una serie de televisión esto fuera una trilogía de las de dos horas por película y palomitas a cascoporro.

Además, seamos serios. 7 euros por dos horas de Anna Torv es una ganga.

¿Qué sería del fútbol sin los Barça-Madrid?

15 abril, 2011 3 comentarios

Es lo que se pregunta un anuncio de una plataforma digital de televisión. Qué sería del fútbol, de la vida, de este país, del mundo entero sin estos clásicos.

Qué sería del fútbol… difícil de decir. Desaparecería. ¿Por qué no? Si echamos un vistazo a la prensa deportiva, a los espacios del deporte en los informativos, a las tertulias radiofónicas, llegaremos a la conclusión de que en este país todo el mundo es del Barça o del Real Madrid. Por lo tanto, sin estos dos clubes enfrentándose entre ellos el deporte perdería emoción y seguramente la gente acudiría a los estadios españoles para presenciar largas partidas de bolos murcianos, convertido extrañamente en el nuevo deporte nacional.

En este país lo que nos pasa es que confundimos el fútbol como deporte, como concepto, con la bipolaridad Madrid-Barça. Obviamos, por tanto, a todos aquellos seguidores de sus clubes locales, regionales. De los equipos de toda la vida, los de su ciudad, los de ir caminando al estadio los domingos por la tarde. Seguro que hace dos, tres décadas, eran muchos. Me atrevería a decir que mayoría.

Esa mayoría es la que estamos destruyendo desde la explosión de la información deportiva. Hemos entrado en un círculo vicioso del que es difícil escapar. Las noticias sobre los dos grandes clubes de este país ocupan tanto espacio y tiempo porque son las que la gente quiere ver. Y la gente quiere verlas porque está acostumbrada a que se las den. Un chaval de 5 años nacido en el 78 en Huelva tenía muchas posibilidades de acabar siendo seguidor del Recre. El mismo crío de 5 años hoy enchufa la tele y ve al Madrid. Mira con curiosidad el periódico deportivo que su padre está leyendo en el sofá y ve a Messi. Escucha de fondo la radio en el coche y los tertulianos hablan sobre Mourinho.

Pero Alberto, me diréis, si se habla tanto de estos dos equipos es porque a la gente le interesa. Evidentemente. ¿Pero qué pasaría si los medios decidieran imponer otro tipo de agenda informativa y empezar, de repente, por voluntad propia, a dedicar más espacio a otros equipos de primera, de segunda, equipos históricos olvidados en segunda B…?

Es una utopía. Lo sé. Pero el resultado sería un descenso en el interés por la información de los dos clubes más importantes de este país. La gente reforzaría su cariño a los clubes locales. Acudirían a los estadios. Los ingresos por televisión estarían más repartidos. Las cuentas de los clubes más equilibradas.

Que el Real Madrid y el Barcelona dominen en Europa no tiene ningún mérito. Ninguno en absoluto. En un país totalmente bipolar donde los ingresos se reparten mitad pa ti, mitad pa mí, y si nos sobra algo se lo damos al perro, es más fácil destacar, tanto en tu propia liga (ahí están las distancias) como en Europa.

Mérito tiene lo de Inglaterra, donde los estadios de segunda división están llenos una jornada sí y otra también. Mérito tiene lo del Schalke 04 en semifinales de la Champions, y lo de una competición, la Bundesliga, donde cada club tiene que avalar su presupuesto antes de comenzar la temporada, donde todos los estadios están a rebosar cada jornada, donde los aficionados disfrutan de un precio más que razonable en las entradas, entre otras cosas por la posibilidad de elegir si quieres sentarte o ver el partido de pie, a la vieja usanza, con la emoción y pasión del pasado pero con las medidas de seguridad actuales.

Quizá ningún equipo alemán gane la Champions en un futuro próximo, pero sus aficionados disfrutan más que nadie de este deporte. Un deporte que, aunque parezca mentira, va más allá del Barça y del Madrid.

Incluso este mes. Sí.

Somos más de los que pensáis, Echevarría

Se hace la televisión que quieren los ciudadanos

Eso decía el martes Alejandro Echevarría, presidente de Telecinco, durante un foro organizado por El Correo-Actualidad de Álava para analizar los nuevos retos del sector audiovisual. Lo justificaba argumentando que los beneficios de la cadena han aumentado, incluso durante estos tiempos de crisis. Está en todo su derecho de perseguir la mayor audiencia y el mayor beneficio posible, que para algo es empresario. Puede incluso que tenga razón. Yo creo que no. Mejor dicho, quiero creer que no.

El jueves por la noche publiqué un artículo de opinión en este blog. Quizá no fue más que una pataleta, un grito ahogado, un cagarme en todo lo que se menea al ver en lo que se están convirtiendo nuestros informativos. Lo que debería haber sido un texto que no leyeran más que mis amigos y compañeros, llegó en dos horas a la portada de Menéame. Ahí sigue, escondido en su segunda página, con cerca de 500 votos y camino de los 5000 clicks. Un artículo que ya han leído casi 10.000 personas, en un blog personal que no tiene aún un mes de vida.

Quiero creer que es una buena noticia. Me gusta pensar que es la gente la que decide qué contenidos interesan y cuáles no en esta nueva era del 2.0. Los casi 50 comentarios allí y los de este blog me han servido para darme cuenta de que no estoy sólo, de que hay mucha gente que opina exactamente lo mismo que yo. Personas que están hartas, que son conscientes de que, aunque seamos una minoría, merecemos algo más. Porque espero que algún día esto reviente y podamos sentarnos frente al televisor y no morir de angustia.

Por eso os pongo aquí algunos de esos comentarios, muchos de ellos brillantes, para que sepáis que hay gente que piensa lo mismo que vosotros.

A mi lo que más me fascina de los telediarios son las “noticias de temporada”, empiezo a sospechar que ponen los mismos vídeos cada año. Por ejemplo:

Verano: Hace mucho calor, operación bikini, gente metiendo los pies en las fuentes, un par de obreros de Sevilla hablando de lo duro que es trabajar a pleno sol, imágenes de playas con un 80% de mujeres en top-less, los menús de las terrazas y las medusas.
Invierno: Las cadenas del coche, remedios contra el frío, una reportera en medio de una ventisca tiritando, pueblos aislados, los quitanieves, dos jóvenes tomándose un caldito en el bar de alguna estación de esquí.
Navidad: El precio de las angulas, del cordero, de los percebes, gente comprando regalos a última hora, viejas en el mercado intentando ahorrar para el menú de nochevieja, el día de reyes reportaje de niños en los parques jugando con sus juguetes, el día de navidad reportaje las cajas y envoltorios amontonados al lado de los cubos de basura, la cuesta de enero.
Septiembre: Vuelta al cole, reportaje de madres en el carrefour quejándose de lo caros que son los libros, síndrome pos vacacional, propósitos de comienzo de temporada, la cantidad de parejas que se separan en vacaciones.

Y así año tras año tras año desde que tengo uso de conciencia.

hutter

La mayoría de las “noticias” son del tipo: Eso lo vi en Internet hace dos días”; “Excuse me, are you from the past?”; “Esto se lo hemos robado a Gente”; Tienen más lag que un servidor de WoW en hora punta.

kumo

A mí ya el colmo me parece la costumbre ésta últimamente de minarte el telediario de anuncios.Entre bloque y bloque, par de anuncios que te crió. Y cuando vuelves, el presentador de turno te cuenta 4 vulgaridades y te enlaza de la manera más burda y chapucera posible con … otro anuncio!, esta vez narrado por él en vivo y en directo:

- Eso dijo Mou… por cierto, cómo le gustaría a Mourinho el nuevo Opel Meriva, déjenme que les cuente las fabulosas virtudes del Opel Meriva…

Por supuesto. Seguro que Mourinho se muere por un Meriva.

robertdenitro

Google News es lo más parecido a información sin sesgo que tenemos hoy en día. Porque tienes toda la variedad posible. Porque puedes contrastar y buscar las 5 diferencias. Y porque aprendes a ver dónde cambia fulano y dónde mengano la verdad -o dónde dejan de contarla al completo- según convenga menesteres políticos o ideolpufffajajajaj, perdón, económicos, que viene a ser lo mismo.
Aún así tampoco te libras de que puedan estar jugando a los tres cubiletes.

santino

Noticia del día, contador de muertes, conexión en directo relacionada con alguna muerte, un par de videos de internet, una foto curiosa y deportesfútbol con algún video curioso de alguien dándose un golpe.

mundakas

Groucho: “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”

LadyStorm

Eso sin olvidar que hoy en día el telediario dura, pongamos, 30 minutos, y de ellos 5 son publicidad, 5 de noticias importantes, 5 de chorradas y 15 de deportes fútbol. Y las de fútbol no creáis que es algo importante, pueden estar sacando 5 minutos cómo los cochazos de los jugadores salen o entran de su campo de entrenamiento a toda velocidad mientras cuentan cosas sin el menor interés.
Pero no nos debemos extrañar. Si miras las noticias mas leídas en cualquier periódico online suelen estar copadas por deportes, alguna chorrada de algún famoso, y las fotos prohibidas de tal o cual actriz/modelo/famosilla de tres al cuarto.

javipe

Cada vez es más difícil distinguir el informativo de Piqueras del Sálvame.

alfgarri

 

Somos muchos más, y por supuesto que nos merecemos algo mejor. La televisión tiene la obligación de dar un servicio público (independientemente de que sean privadas o no), y creo que no lo están cumpliendo. Estoy seguro de que la guerra por las audiencias es importante, que los anunciantes escasean, y que un punto más de share supone millones de euros.

De lo que no estoy tan convencido es de que no haya espacio en este país para una cadena privada responsable, que ofrezca contenidos de entretenimiento en formatos de entretenimiento, e información y análisis dos, tres, cuatro veces al día. Joder, hay cadenas en la TDT que no llegan al 1% de audiencia. ¿De verdad es tan difícil apostar por algo así y consolidar una base de telespectadores fieles e identificados con la cadena?

Quiero pensar que no es así, aunque en el fondo sé que lo es. Porque hay gente muy inteligente en el mundo de la comunicación, y si no se ha hecho ya es porque no se puede. Dicen que la esperanza es lo último que se piede, ¿no? Llamadme romántico, no me importa.

PD: Leo en Vaya Tele que esta noche a las 22.15h en ‘El debate de la 2 se dará respuesta a la pregunta ‘¿Tenemos la televisión que nos merecemos?‘ Quién sabe. Puede que sí, puede que no. O puede incluso que un debate así lo programen un viernes por la noche para tener a la juventud ocupada en otros menesteres. ¿Nadie lo ha pensado?

Algunos perros sí van al cielo (o cómo el entretenimiento mató a los informativos)

10 febrero, 2011 24 comentarios

No sé si lo que está pasando en estos últimos años con los informativos en televisión me hace gracia o simplemente me da asco. No lo he decidido aún.

Yo soy de los que suelen comer y cenar viendo las noticias. Perdón, las “noticias”. Es una manera de informarse como otra cualquiera, y entre eso y el vistazo de rigor a las ediciones digitales de El País y El Mundo, suficiente. Pero de un tiempo a esta parte a mí me han cambiado los informativos, me los han robado. Los han convertido en el zapping de surferos edición mediodía/noche.

No es algo que hayamos inventado nosotros, faltaría más. Viene, como casi todo, de Estados Unidos. Allí lo llaman Infotainment, porque les gusta mucho esto de mezclar palabras e inventarse una nueva. Información más entretenimiento, en un esfuerzo por ganar audiencia. Un público que de otra manera no vería los informativos, tanta noticia seria les abruma, pobrecitos.

Así que a los que pensamos que un informativo debe llamarse así por alguna razón en concreto, que nos zurzan. Nosotros no contamos, porque vamos a verlo aunque más de la mitad del contenido sea auténtica basura. Porque no nos queda otro remedio, porque si teníamos alguna vía de escape para informarnos en televisión, nos la quitan y nos ponen en su lugar un canal de seguimiento 24 horas a un grupo de analfabetos funcionales.

Si hay una cadena en este país que destaca sobre las demás por su dominio en el arte de hacer pasar la mierda por noticia, ésa es Telecinco. El martes llegué tarde a comer y allí estaban sus “informativos”, en la tele. No encontré el mando y pensé que no sería para tanto. Quince minutos no me iban a costar la salud. Ah, bendita ingenuidad la mía.

Titulares, tema del día, tres noticias nacionales (política y economía), sucesos (Pepito mató a Juanito, y a Joselito le mordió su tortuga) y directos al tema. Y rapidito que vienen los deportes con la Carbonero, que es donde está la audiencia. Una chica, por cierto, a la que alguien debería decirle que con medio kilo menos de maquillaje estaba mucho más mona, pero ése es otro tema.

Llegaba el momento estelar del informativo, ése que todos tememos: el de la noticia de los hoteles/spa/centros de belleza/salones de masaje para perros. Es un ciclo mortal. Siempre vuelve, como Terminator, como la marea, como el tipo de los turrones por navidad. Cada pocos meses a un redactor avispado se le ocurre llevar una cámara a uno de estos lugares y demostrarnos a todos que sí, que algunos perros sí que van al cielo, o mejor dicho, ya están en él.

Porque da igual que estés estudiando para vivir explotado el resto de tu vida llevando a cabo una labor por la que deberían pagarte mucho más de lo que lo van a hacer. Da igual que seamos una generación perdida. Les da lo mismo que tengamos que coger las maletas y acompañar a Pepe a Alemania. Todo eso no importa en absoluto.

Lo que importa es que sepamos que hay perros que viven mejor que nosotros, y por eso nos lo recuerdan cada cierto tiempo, por si se nos ha olvidado. Pero bah, qué más da, te dices. La siguiente “noticia” seguro que me alegra el día.

Coño, es James Dean. Ah, que cumpliría hoy 80 años, mira qué bien, con un poco de suerte me ponen un minireportaje sobre su vida y obra, o un perfil con imágenes de sus películas más importantes. Pero no, porque eso requeriría perder un par de horas en documentarse y montar el vídeo. En vez de eso, ¿por qué no enlazar sutilmente el hecho de que James Dean sería hoy octogenario si siguiera vivo con un corte sobre los ídolos con los que las muchachas de quince años forran sus carpetas? Ya sabes, que era un ídolo, tía, y eso le hace comparable a Justin Bieber y al resto de nenazas hermafroditas de la factoría Disney.

Jo, qué buena idea.

Nos vamos de manifa 2.0 por Washington DC

Hay dos programas en la televisión americana (concretamente, en Comedy Central) que se distinguen por tratar la información de actualidad de forma irónica, acercando las noticias a un público más joven, y, sobre todo, con una ideología concreta (liberal-demócrata). Son The Daily Show (Jon Stewart) y The Colbert Report (Stephen Colbert).

Uno de sus principales argumentos durante los dos últimos años ha sido el destacar cómo los medios de comunicación estadounidenses han radicalizado sus posturas con el paso del tiempo, hasta alcanzar un nivel de enfrentamiento que ha ocultado la discusión sobre cualquier ámbito importante de la política nacional.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de estos dos presentadores fue el rally (concentración, marcha) que organizó Glenn Beck, un talk host show de extrema derecha que trabaja para Fox News. Esta marcha coincidía en el tiempo y en el espacio con el famoso discurso del Doctor King (I have a dream), lo que enfureció a gran parte de la audiencia de estos programas e impulsó a sus conductores a organizar un rally parecido para protestar por la dirección que están tomando los medios de comunicación de su país.

Contar con una plataforma como un programa de televisión, con una audiencia firme y consolidada era un gran paso para movilizar en la explanada del Mall de Washington D.C. a miles de personas el pasado 30 de octubre. Sin embargo, lo que nos llama la atención de esta propuesta es su utilización de las nuevas tecnologías para involucrar aún más a la gente en el proyecto y hacerla partícipe de lo que intentaban conseguir o, al menos, poner de manifiesto.

Empezaron con algo simple, como es la creación de las dos páginas web del evento. En ellas se podía conseguir todo tipo de información, localización, alojamiento, viaje hasta Washington, etc. Decimos dos, porque en un principio la organización se encargó de dejar claro que eran dos concentraciones diferentes. Una para promover la concordia y las buenas formas y otra para “mantener vivo el miedo”. Cada una representada por uno de los dos conductores de la cadena, aparentemente de ideologías opuestas, aunque en el fondo es sólo una pose.

El siguiente paso fue involucrar a la gente a través de las redes sociales. Para ello se abrió un evento en Facebook y unacuenta en Twitter, promoviendo además varios hashtags:#rally4sanity #stewartrally #sanityrally #rallytorestoresanity #keepfearalive #colbertrally #march4fear

La respuesta de la gente fue masiva, por lo que la organización decidió además publicar una aplicación oficial de la marcha, gratuita para Iphone y Android, y donde en colaboración con varios servicios externos los asistentes podían involucrarse más aún y vivir de cerca el acontecimiento, participando activamente y compartiendo contenido con el resto de manifestantes, así como seguir las últimas actualizaciones sobr el evento en las redes sociales. Todo desde la misma aplicación.

En concreto, y gracias a Foursquare, desde la propia aplicación uno podía hacer “Check in” en el evento, a favor de uno de los dos cómicos, es decir, a favor de la razón o del miedo. Ello dio lugar a toda una competición en antena entre los dos presentadores durante el mes previo a la marcha.

También se ofrecía la posibilidad de subir imágenes directamente desde el teléfono móvil a Flickr, imágenes que después se publicarían en la web oficial y de las que se haría uso en el programa de televisión.

Una de las ideas que surgieron a partir del uso de esta aplicación oficial para subir imágenes desde el evento fue hacer coincidir este con Halloween. De este modo, muchos de los asistentes acudirían al evento disfrazados. Por ello se habilitó una web donde toda la audiencia podía votar los disfraces que más miedo dieran.

En resumen, se trata de utilizar Internet, las redes sociales y las aplicaciones móviles para promocionar un evento que fue un éxito, en gran parte, gracias a las nuevas tecnologías. Como bonus, todo ese material podía ser utilizado, y de hecho lo fue, como contenido del programa de televisión durante las semanas previas a la marcha e incluso después de la misma. Contenido generado por el usuario, por la audiencia, gratis e inmediato.

Google hasta en la sopa

Ya está aquí. Ya llegó. Después del salto a la telefonía móvil lo siguiente es la televisión. Al gigante americano no se le resiste nada y ahora apuesta por llevar lo mejor de Internet a nuestro salón.

Google nunca ha sido productor de contenidos, sino gestor de los mismos. Es lo que hizo con la telefonía móvil. Su mayor logro no ha sido apostar por hacer la competencia al Iphone con el Nexus, sino introducir el sistema operativoAndroid en una amplia gama de terminales en muy poco tiempo, y eso sí que es hacerle la vida difícil a Steve Jobs.

Con la televisión pretende hacer algo parecido. Apple ya se adelantó con su Apple TV, y ahora Google TV quiere hacer algo parecido, pero distinto. Quiere hacerlo mejor. Porque a diferencia de Apple, Google apuesta por un software de código libre, con más facilidad para el desarrollo de aplicaciones, y ofreciendo al usuario total control sobre lo que quiere ver en pantalla. Para empezar, ya he llegado a acuerdos con compañías como SonySamsung para que sus nuevas gamas de televisores lleven Google TV incorporado.

Pero… ¿Qué es Google TV? ¿Qué nos aporta? ¿Por qué merece la pena?

En España tenemos malas experiencias con el concepto de televisión interactiva. Quiero TV fue un verdadero fracaso, y las promesas de interactividad de la TDT parece que no acaban de cumplirse. Sin embargo, un producto como éste tiene en Estados Unidos un tirón mucho mayor que en nuestro país por varias razones.

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