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Archivo para la Categoría "Series"

El humor surrealista de Rob Corddry

Rob Corddry se hizo famoso, entre otras cosas, por aparecer durante varios años como corresponsal en The Daily Show, el programa de Jon Stewart, que parece una máquina bien engrasada de producir actores para series e, incluso, para Hollywood.

Es el caso de Ed Helms, uno de los protagonistas de The Hangover. También el de Steve Carrell, que pasó del show de Stewart a The Office y acaba de dejar la exitosa serie después de 7 temporadas para dedicarse en exclusiva a su carrera en el cine. Otros muchos van y vienen (Olivia Munn, John Oliver en Community, etc…).

Entre estos últimos está Rob Corddry. Se le pudo ver en alguna serie o película menor después de su paso por el late night de Jon Stewart, pero casi se le había perdido la pista. Tenía que reinventarse a sí mismo. Y lo ha hecho como productor, director y guionista de Childrens Hospital, una disparatada comedia que puede verse en Adult Swimm (filial para adultos de Cartoon Network), aunque en sus inicios se emitía sólo por Internet. De ahí la poca duración de cada episodio (5 minutos).

No es más que una gran parodia de muchas de las series ‘de médicos’ de los últimos tiempos, aunque si dijéramos que en realidad es un palo a Anatomía de Grey no nos equivocaríamos demasiado. El propio Corddry dijo de la serie de Shonda Rhimes que “pretendía saltar el tiburón (jump the shark) en cada episodio” y admitió haberse inspirado en ella para dar forma a Childrens Hospital, algo que se comprueba simplemente viendo el primer episodio.

Hay que exportar algo más que pepinos

Dicen que uno de los factores por los que se mide la fortaleza de la economía de un país es la capacidad para exportar sus productos al extranjero. Dicen que así se sale antes de la crisis. Que es mejor ser un país que exporta más de lo que importa. Dicen. ¿Que quién lo dice? Pues no lo sé, pero lleva razón.

En España se nos da muy bien (de momento) exportar pepinos, jamón, tomates, lechugas, conservas, futbolistas y poco más. El resto lo tenemos que traer de fuera. Incluidas las series de televisión.

Y no será por producto nacional, que haberlo, haylo. Los canales españoles están llenos de producciones patrias, pero sin embargo, y ya duele decirlo, no hemos sido capaces de colársela a los americanos, los grandes maestros del género, ni una sola vez.

A mí, que no soy un gran defensor de la ficción española, sigue costándome trabajo entender por qué una serie como UPA Dance ha sido el mayor éxito que hemos tenido en el intento de exportar nuestras producciones fuera de España. En Italia era un éxito total, claro que la televisión italiana es una de las pocas de Europa que no cambiaba yo por la nuestra.

Hubo otros casos, desde Verano azul pasando por Médico de familia o Los Serrano, Los hombres de Paco o Cuenta atrás, un auténtico truño con Dani Martín a la cabeza que emitió Cuatro y que parece haber tenido mejor acogida en Francia que en nuestro país. Y hay más. Alguno incluso tilda de éxito el caso español.

No se trata de vender los derechos de la emisión de una serie española, sino de vender el concepto, la biblia del producto, la idea y el guión, y que sean ellos quienes lo adapten. Porque no sé vosotros, pero yo no veo al Resines doblado al ruso.

En este tipo de compraventa los americanos, como en muchas otras cosas, nos llevan años de ventaja. De entre los últimos casos, el más llamativo es el de ‘The Killing‘, el éxito de AMC (cadena responsable de algunas de las mejores series que pueden verse en la actualidad: Mad men, Breaking bad, The walking dead…). Se trata de una producción original danesa. Sí, sí, danesa. Y es que en el norte de Europa parecen haberse puesto las pilas.

Son novelas que se venden como churros y se convierten en películas después, como la trilogía de Stieg Larsson, Millenium. A los americanos no les bastó con leer los libros traducidos al inglés o ver la película original sueca basada en ellos. Ahora van a por el remake de las películas, y les importa un bledo lo recientes que sean. Para más inri las va a dirigir David Fincher. Porque estos americanos si se ponen, se ponen. Think big.

Suecos, noruegos, daneses. Parece que vivimos un revival de la novela policíaca, de las historias de crímenes macabros por resolver. De eso esta gente sabe mucho, y parece que han descubierto cómo sacarle partido al asunto. ‘The Killing’ no inventa absolutamente nada y sin embargo es diferente. Tiene algo. Por eso AMC la adaptó desde la original danesa ’Forbrydelsen‘. Podría ser flor de un día, pero no: la BBC acaba de hacerse con los derechos de ‘Borgen, del mismo país y de temática muy similar.

Siempre he pensado que en España hay talento para sacar historias interesantes adelante, y no lo de siempre, que desde Farmacia de guardia parece que no exista otro formato. No creo que sea una cuestión de dinero, ni que tengamos nada que envidiar a los daneses. La pasta está en el mercado anglosajón, y algún día enchufaremos la AMC o la BBC y los personajes, la historia y el guión nos resultarán familiares. Esto ya lo vi yo en España. Y es que tenemos que empezar a pensar en exportar algo más que pepinos.

¿Por qué lo llaman televisión cuando quieren decir cine?

Seguro que habéis leído aquello de que, de un tiempo a esta parte, los mejores directores ya no se dedican al cine, sino que les da por las series de televisión. Incluso actores que hace una década hubieran considerado aparecer en la pequeña pantalla como un paso atrás en su carrera están empezando a aceptar papeles protagonistas en muchas de estas producciones.

Si hablamos de guionistas está claro que los mejores hace ya tiempo que trabajan para HBO, AMC, FX, FOX, etc… porque, seamos serios, en estos últimos años, ¿cuántas películas buenas hemos visto? Buenas de verdad, de las que sales del cine dándole vueltas a la cabeza, envidiando al guionista de semejante maravilla.

Hay un género en el que este fenómeno es si cabe más evidente: la ciencia ficción. Si descartamos Inception, en los últimos años no hemos visto ni una sola película de ciencia ficción decente. No, no me vale Avatar. El sueño de James Cameron es un despliegue técnico espectacular que cambiará la forma de hacer cine, pero nada más. El guión no era nuevo. Pocahontas con más azul, nada más.

Entre monstruos que destruyen ciudades, invasiones alienígenas cada vez más inverosímiles y refritos de Star Trek y Star Wars, poco o nada original hemos visto.

Sin embargo sí hay series de televisión que han tirado por el terreno de la ciencia ficción con un resultado espectacular. Podríamos hablar del remake de Battlestar Galactica que terminó hace unos años en la cadena americana Syfy. Podríamos hablar también de la nueva versión de Doctor Who en la BBC, o del exitazo de Lost en ABC.

Pero lo de Fringe es otra cosa. JJ Abrahams se sacó de la manga lo que parecía simplemente un intento de estirar el éxito que cosechó con Lost y lo convirtió en un producto magnífico que te mantiene enganchado semana tras semana, y que sobrevive ya tres temporadas luchando con los ejecutivos de FOX, que buscan más audiencia que la que el show produce. Y es que no es de extrañar, ya que a la mayoría lo que le gusta es que le den las cosas mascaditas, y un producto de ciencia-ficción, pero sobre todo de ciencia, absurda, incomprensible, extraña y a veces sobrenatural requiere un esfuerzo mayor que un culebrón como Gossip Girl.

El otro día me preguntaron por qué película de lo que llevamos de año hubiera pagado gustosamente los 7 euros que vale la entrada del cine. Mi respuesta fue clara, y ni siquiera tuve que pensarlo demasiado: por ninguna. Por eso, tras ver el trailer que la gente de FOX ha elaborado para el season finale de la tercera temporada de Fringe, puedo decir sin ningún tipo de dudas que yo sí pagaría la entrada si en vez de una serie de televisión esto fuera una trilogía de las de dos horas por película y palomitas a cascoporro.

Además, seamos serios. 7 euros por dos horas de Anna Torv es una ganga.

Anderson Cooper: un modelo de periodismo en peligro de extinción

Todos sabemos lo que es un enviado especial. Y al que se le hubiera olvidado, las recientes crisis en Túnez, Egipto y Libia (entre otras) se han encargado de recordárselo: es ese tipo que se juega la vida, en mayor o menor medida, según las condiciones en las que pueda realizar su trabajo y/o la gravedad de la situación que esté cubriendo sobre el terreno.

Puede que el término más adecuado no sea enviado especial, ya que no estoy hablando aquí del reportero que la cadena manda a cubrir la feria del ganado de Cáceres o el gran premio de Fórmula 1 de Monza. Quizá lo más cercano sería el americano war correspondant, es decir, ese periodista que se monta en un avión, acompañado por su cámara, a la aventura. Si tiene suerte, y trabaja para una cadena importante, quizá cuente en el país de destino con algo de apoyo logístico, quizá con alguna filial de la cadena, o del grupo, donde pueda apoyarse. En otras ocasiones, como es el caso reciente de Libia, ni siquiera eso.

Voy a tomar como ejemplo el caso de Anderson Cooper, reportero de guerra durante muchos años, especializado recientemente en este tipo de conflictos/revoluciones breves e intensas. Cuando no está en el extranjero, dirige y presenta el programa AC 360º en la CNN americana. Aunque no hayas visto jamás la televisión estadounidense, el tipo te suena, seguro. Lo habrás visto de fondo en los vídeos subtitulados que pasan las cadenas españolas cuando ocurre algo gordo y no se consiguen recursos propios con tanta rapidez.

Cooper ha sido noticia en todo el mundo por ser uno de los periodistas agredidos por defensores de Mubarak durante la revuelta en El Cairo. El hecho de ser un personaje muy reconocido en su país y trabajar para la CNN llevó la noticia de su agresión a las televisiones de todo el mundo, ejemplificando en él todo el conjunto de los ataques a periodistas en Egipto. Según Cooper, son riesgos de la profesión, y hay que asumirlos.

Hasta aquí bien. Lo que me llamó la atención, sin embargo, es la reacción de algunos medios norteamericanos hacia determinados comentarios de Anderson Cooper tras aquel discurso del ex presidente egipcio donde anunciaba, una vez más, la marcha atrás en su decisión de abandonar el país.

El periodista de la CNN criticó a Mubarak. Le llamó mentiroso en directo, y no se limitó a dar una opinión, sino que lo acompañó con hechos, con datos. Al fin y al cabo, él había vivido toda la revolución prácticamente desde su inicio.

Siguió repitiendo las mismas mentiras, que todo esto es algún tipo de interferencia extranjera y que eran los extranjeros los que estaban pagando entre 100$ y 100 euros a los manifestantes para motivarlos a acudir a las protestas. Habló acerca de que no aceptarían ningún tipo de intervención desde el exterior. Intenta jugar con el orgullo nacional, diciendo que resistirán cualquier tipo de intromisión de los Estados Unidos y otros países que quieren decirle a Egipto lo que tiene que hacer. Lo digo otra vez: esto son mentiras de un régimen que quiere seguir en el poder. Dice que no es sobre Hosni Mubarak, sino sobre el pueblo de Egipto. En realidad cree que Egipto es él.

El ataque, sobre todo desde medios de la competencia, no se hizo esperar. Y quizá este tipo de ataque duela más que los golpes que se llevó en El Cairo. Particularmente crítico fue James Rainey, un columnista del periódico L.A. Times. En su artículo, Rainey no entendía como un periodista, al que se supone objetivo, puede llamar mentiroso a Mubarak catorce veces durante un mismo programa, y veía en la actitud de Anderson Cooper un giro de su cadena, CNN, que tradicionalmente ha apostado por la información objetiva, hacia el modelo de sus dos grandes competidoras, Fox News y MSNBC. Ambas superaron a CNN en audiencia durante todo 2010, algo impensable hace una década, aunque la cadena de Cooper ha recuperado la segunda posición gracias precisamente a su cobertura de estas crisis.

Y es que ese modelo, el de primar el comentario, la opinión, por encima de la información, es el que parece gustar a los espectadores americanos. Fox News rellena su programación con tipos como Glenn Beck o Bill O’Reilly, acompañados de ex candidatos republicanos como Sarah Palin o Mike Huckabee, y prima el comentario político, bajo una línea editorial bien marcada, sobre todo lo que huela a información verídica. El caso de Glenn Beck sería digno de análisis. A aquellos de vosotros que habléis inglés os recomiendo hacer una búsqueda rápida en google y ver algunos de sus vídeos: no tienen desperdicio. Por su parte, MSNBC hace algo parecido, pero desde el flanco izquierdo de la política americana.

Yo no sé si CNN ha entrado directamente en esta lucha de audiencias o seguirá intentando mantener una postura medianamente objetiva. Lo que está claro es que o el público está cada vez más politizado y lo único que quiere es que le den los argumentos ya masticados para que sólo haga falta tragar, o aquí algo falla.

Pero lo que falla no es Anderson Cooper. No es un tío que se arriesga a recibir palizas, balas o un bombazo allá por donde va. Que llame mentiroso al dictador que ha conducido a su pueblo a la rebelión (pacífica) tras más de 30 años de opresión está más que justificado. Además, aportando datos: esto es así, y esto es lo que dicen en la televisión pública egipcia: están mintiendo, no hay vuelta de hoja.

La primacía del comentario y de la falsa objetividad nos lleva a veces a intentar incluir a todo el mundo, por aquello de dar voz a todas las partes implicadas en el conflicto, y tratarlas a todas por igual. Eso, al menos para mí, no es objetividad. Para Anderson Cooper, tampoco, y así lo explicó en el programa del martes de Jon Stewart. Y es que el periodista americano no ve problema alguno en llamar a alguien mentiroso cuando “lo que dice no es verdad y encima es demostrable“.

Y yo tampoco.

Community: guión, guión, guión y GUIÓN

8 febrero, 2011 1 Comentario

A veces los productores de las grandes cadenas de televisión se empeñan en emitir series con planteamientos muy rebuscados. Una idea que no haya tenido nadie antes, un guión con giros sorprendentes, que deje al espectador con la boca abierta. Si se hace bien, el producto se puede llegar a convertir en todo un éxito internacional (ya pasó con Lost en su día). Si se hace mal, como suele ocurrir en España, nos quedamos con temporadas que dan giros de 180º y plantean soluciones imposibles para el espectador con un mínimo de inteligencia o sentido común (El Internado, El Barco).

Otras veces se nos dice que la falta de presupuesto dificulta la posibilidad de que las series españolas puedan estar a la altura de las americanas. “Es que allí tienen mucho más dinero, y no podemos competir”. Yo creo que el dinero no lo es todo, y por suerte tenemos varios ejemplos que así lo demuestran.

Uno de ellos es Community, una serie de la NBC que, pese a que se rumoreaba que podría ser cancelada debido a que la cadena esperaba más audiencia en la franja en la que se emite, tiene una gran base de seguidores y parece que ése no será el caso, aunque no está confirmada la emisión de una tercera temporada.

Lo que destaca en Community es su planteamiento ultra sencillo, alrededor del cual un magnífico equipo de guionistas han logrado crear la plataforma perfecta para sacarse de la manga cualquier tipo de episodio con el menor presupuesto posible.

Se trata de un grupo de alumnos de un community college americano, esto es, una universidad “de segunda”, aquélla en la que estudian quienes no han podido acceder a una facultad como dios manda. La trama, que gira en torno al grupo de estudio que forman siete personajes, da lugar a episodios fantásticos que hacen referencia continua a la cultura pop estadounidense, al cine, a la televisión y a la literatura.

Episodios normalmente anclados alrededor del personaje de Abed, que sufre una rara enfermedad que le hace ver el mundo de manera distinta a los demás. Es él quien suele introducir todo este tipo de referencias, porque es él quien ve el mundo como si viviera dentro de una película o una serie de televisión. Simple y a la vez ingenioso.

Capítulos como el especial de navidad, un stop-motion animado a lo “Wallace & Gromit”, o la especialidad de la casa, los bottle episodes (capítulos que se ruedan en un sólo escenario para abaratar costes y cuya gracia está en los diálogos) demuestran que desde un planteamiento sencillo se puede sacar mucho jugo si se cuenta con un grupo de guionistas a la altura. Y en Community lo tienen.

Sin embargo, si hoy hablo aquí de esta serie es por el capítulo de la semana pasada, un bottle episode montado alrededor de una partida de Dungeons and Dragons con una post-producción genial y un guión de lo más original que he visto en mucho tiempo. Vamos a intentar analizarlo.

Gather close that you might hearken the story of Fat Neil. Born stout of heart, but large of bone, his adolescent years were shadowed by scorn and mockery.

Outlets of fantasy afforded him some escape from the darkness throughout high school. And as a man, he traveled far to a new school and a new beginning… or so he thought.

The name became a joke. The joke became his life. And Neil fell again into darkness, only this time, his thoughts turned to an escape of which we dare not speak.

Así comienza la introducción al capítulo, narrada por una voz que recuerda mucho a las voces femeninas que nos contaban los avances de la comunidad del anillo en El Señor de los Anillos. Así se introduce de manera magistral el capítulo. Dos minutos y medio, con cámaras lentas, con barridos, con efectos de sonido perfectamente coordinados para introducir al espectador en la ilusión de estar viendo algo diferente, aun siendo la misma serie de siempre, todo ello coronado con unos títulos de crédito especiales para la ocasión.

Después, una lección magistral que demuestra que un gran guión puede convertir un capítulo de bajo presupuesto, grabado en dos escenarios (aunque es la sala de estudio donde se desarrolla gran parte de la “acción”) en uno de los mejores episodios, si no el mejor, de toda la serie.

Veamos algunas de las claves del capítulo.

El hilo conductor del capítulo es una partida de Dragones y Mazmorras. Tan simple como eso. Una partida a un juego de mesa en el que el principal elemento es la imaginación de los jugadores. Imaginación que también necesita la audiencia, a la que se sumerge en la historia narrada a base de músicas y efectos de sonido.

Toda historia necesita un narrador, y en este caso tenemos dos. Por un lado, la voz femenina que nos introduce en el capítulo y narra el paso del tiempo durante el mismo. Por otro, Abed, que hace de Maestro de la partida y de narrador, por tanto, de la historia dentro de la historia, esto es, de las acciones de sus amigos en el juego.

Toda historia de aventuras necesita un villano. El elegido es Pierce, el mayor del grupo, el cascarrabias. Se veía venir. Se ambientan sus apariciones con música tenebrosa y efectos que recuerdan a los utilizados en El Señor de los Anillos para anunciar la llegada de los Nazgûl, los espectros a caballo.

La primera acción de Pierce, enfadado por la intención de sus compañeros de excluirle del juego, es robar la espada de Fat Neil y utilizarla para matar a Chang, que abandona la sala acompañado de música emotiva y triste. No sorprende que Chang salga tan pronto de escena, es un recurso cómico habitual en la serie.

El humor se introduce en la mecánica de Dragones y Mazmorras de manera brillante, confiando en muchas ocasiones en la capacidad de la audiencia de interpretar las referencias culturales. Otras veces son más directos, como cuando Abed certifica que la puntuación del dado permite a Pierce frotarse los genitales con la espada de Neil.

La implicación de los personajes en el juego varía según la personalidad de cada uno. Abed se transforma en gnomo fácilmente, y Rita vive el juego como si fuera real. Otros como Jeff tardan más en involucrarse pero lo hacen cada vez más a medida que avanza el capítulo, al igual que en la serie en su conjunto.

Sólo salimos de la sala de estudio para ver el avance de Pierce en su cruzada por arruinar la partida. Su personaje parodia tanto a este tipo de juegos como a la concepción que de sus jugadores se tiene en la sociedad americana. En esta escena, por ejemplo, intenta comprar a un freak con una chocolatina.

Otro de esos momentos sutiles es la ficción de una escena sexual entre el personaje de Annie (un bárvaro) y el de Abed (una doncella). El cambiar el sexo de los personajes y la forma en que el diálogo se sustituye por la música y los gestos quedan a la libre interpretación de la audiencia es simplemente magistral.

En resumen, un guión espectacular para un capítulo claramente de bajo presupuesto, con un montaje sencillo y con un gran uso de las músicas y los efectos especiales, que hacen que la audiencia se imagine la acción sin tener que mostrarla, al igual que los chicos de Community se imaginan su aventura sin tener que vivirla. Efectos que van desde el sonido de espadas al del ambiente de una taberna, o el de dagas que cortan el aire al ser lanzadas… todos perfectamente coordinados con el diálogo de los personajes.

Un capítulo genial que demuestra que un planteamiento sencillo y un grupo de mentes brillantes pueden dar lugar a un gran producto sin la necesidad de invertir grandes cantidades de dinero. Menos Barcos, menos Internados, menos actores-marca y más dinero y libertad para los guionistas de este país. No somos más tontos que los americanos.

No os perdáis el capítulo, lo podéis descargar en Torrent, por descarga directa o en Series Yonkis, aunque os aconsejo que veáis la serie completa, que actualmente se encuentra en la segunda mitad de su segunda temporada.

Series.ly a fondo: ¿Catálogo o red social?

4 febrero, 2011 20 comentarios

Un análisis de la plataforma Series.ly, a medio camino entre red social y catálogo de enlaces para el visionado online de series

La moda de las series parece que no es pasajera. Aunque son muchos los internautas que descargan sus series preferidas por su cuenta y riesgo, bien utilizando el sistema p2p torrent o bien la descarga directa, a nadie se le escapa que webs como Series Yonkis siguen siendo el principal atractivo para una gran mayoría de usuarios que prefieren ir a lo sencillo, buscar el capítulo, encontrar el link y verlo online en Megavideo sin tener que descargarlo y buscar además el subtítulo.

Hasta ahora, este tipo de webs sólo ofrecían un catálago, a veces confuso, de series, temporadas y enlaces, con un diseño que, digámoslo claramente, deja mucho que desear.

Tras el anuncio del pacto entre las principales fuerzas políticas de nuestro país para la aprobación de la llamada “Ley Sinde”, estas páginas se han convertido en dianas sin comerlo ni beberlo, de un día para otro. Pero hecha la ley, hecha la trampa.

Eso es lo que han debido pensar los responsables de Series Yonkis, que han rediseñado por completo su portal para convertirlo en una red social donde sean los propios usuarios los que aporten los enlaces, como el que comparte un link a Megavideo en Twitter, o en Facebook, intentando así evolucionar de manera que la nueva ley lo tenga un poquito más difícil a la hora de cerrar indiscriminadamente este tipo de sitios web. Por desgracia, aún está en beta privada y no tengo invitación.

La idea no es nueva, y es que ya funciona desde hace meses una plataforma similar. Es el caso de Series.ly, que vamos a intentar analizar a continuación.

La plataforma nace a medio camino entre red social y catálogo de enlaces para el visionado online de series y películas. La novedad principal es poder utilizar un visor propio integrado en la web que hace que los usuarios puedan saltarse el límite de 72 minutos de Megavideo sin tener que reiniciar el router.

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La dificultad de intentar superar un éxito como Lost

28 enero, 2011 1 Comentario

Carlton Cuse ha vuelto. El que fuera coproductor y guionista principal de Lost junto con Damon Lindelof ya tiene en mente un nuevo proyecto.

Carlton Cuse ha vuelto. El que fuera coproductor y guionista principal de Lost junto con Damon Lindelof ya tiene en mente un nuevo proyecto.

En una extensa carta dirigida al New York Times, Cuse afirma sentirse liberado de la presión que suponía trabajar 80 horas semanales en los guiones de una de las series más seguidas de la historia de la televisión. Y no es para menos.

El éxito de Lost no sólo encumbró a su creador, J.J. Abrams, sino también a Lindelof y al propio Cuse. Mientras que Abrams escribió el piloto de la serie y el desarrollo de la idea principal, la labor de desarrollar esa idea hasta convertirla en un universo mitológico que atrapó a su audiencia durante seis temporadas fue de sus dos guionistas.

En la carta, Cuse se compara a sí mismo con un escritor que tarda 6 años en escribir su novela. La presión, en el caso de la industria televisiva, es mayor. Hay que escribir 20 horas de producto cada temporada, y no debe ser nada fácil.

As a television show runner you are required to put out a prodigious amount of creative work. We wrote and produced as many as 25 hours of “Lost” in a single year. As an artist, if you succeed in making something fresh and new, it often looks easy: Warhol’s soup cans, for instance. And when you make it fast, it seems even easier.

Lo peor, según el guionista, es cómo dar el siguiente paso. Cómo liberarse de su pasado y seguir adelante con otros proyectos.

“Lost” was a success in over a hundred countries around the world. It spawned a new term — transmedia — to describe all the associated media content (like Webisodes, alternative reality games and viral videos) surrounding a TV or film project. It was such an overwhelming phenomenon, how could I get past the large shadow it cast over my life? Should I even try?

La inspiración llega cuando uno menos se lo espera, y después de rechazar alguna que otra propuesta interesante y muchos, muchos disparates, la idea surgió en un viaje a Washington mientras observaba el monumento en recuerdo a Abraham Lincoln.

Lincoln’s words were an attempt to heal the rift between a North and South deep into the Civil War. One-eighth of our population was still bound in slavery. Having majored in American history, I knew this was a period of rich and compelling drama. But more important, as I read those words about the deep divide between two very different groups of people sharing one set of borders, they felt very relevant for today.

La idea ya la tenía: recrear el sufrimiento humano de la guerra civil americana, la lucha entre el norte y el sur, la liberación de los esclavos negros. Sólo faltaba encontrar a alguien con quien compartir la aventura, como ya hiciera con Lindelof en Lost.

El elegido es Randall Wallace, guionista y director de cine, conocido, entre otras cosas, por el guión de Braveheart. Junto a él ha desarrollado la idea de “Point of Honor”, la historia de una familia del bando confederado que deja Virginia en busca de un futuro mejor.

El propio Cuse sabe que no será fácil, que la lucha con productores, canales, patrocinadores, anunciantes y demás fauna de la industria audiovisual americana será dura. Pero, al menos, “no habrá osos polares”.

Malviviendo de lo audiovisual

27 enero, 2011 2 comentarios

Una mirada a la inutilidad de la industria audiovisual española a la hora de apostar por productos nuevos, diferentes, con chispa. Hablamos con Tomás Moreno, de Malviviendo.

Hasta hace pocos años la idea de expresar tu creatividad sin que la industria te apoyara parecía un imposible. La llegada de Internet facilitó las cosas para muchos artistas, emprendedores y genios en general. Tenemos un ejemplo en la cartelera de nuestro país. Es la historia de Matt Zuckerberg, el genio asocial que programó y desarrolló el sitio más social de todos. Junto a él, cientos de jóvenes se lanzaron a emular a sus ídolos de Sillicon Valley en la nueva era de Internet. Si tenías una idea, podías hacerte rico.

El avance de la tecnología no sólo ayudó a desarrollar miles de proyectos en Estados Unidos. Ahora uno mismo puede publicar su libro, o promocionar su arte, sin tener que contar con un mecenas, con un “padrino”.

Con la llegada del video a la Red, y de Youtube y sitios similares en particular, la producción audiovisual ha dado un salto gigantesco. De hecho, si la industria no te proporciona los medios, si nadie confía en tus guiones o tu capacidad, tu talento para desarrollar un proyecto que tú crees que vale la pena, tienes otras alternativas.

La moda del videoblog parece ser un antecedente claro. Los usuarios se lanzaron en masa a grabarse en video con sus webcams y publicaron comentarios, experiencias, e incluso toda una segunda identidad en la Red, como en el caso deJessica Rose, una actriz neozelandesa que, bajo el usuario lonelygirl15, y junto a su productor, Ramesh Flinders, creó un videoblog en Youtube que alcanzó fama mundial en 2006 y que actualmente sigue emitiéndose. El público no descubrió que se trataba de ficción hasta meses después de saltar a la fama.

Las series, en Internet

El siguiente paso no tardaría en llegar. Para un guionista, o un director, encontrar un productor, o una cadena que esté dispuesta a apostar por esa gran idea para una serie que ronda tu cabeza desde hace tiempo, no siempre es fácil. Mejor dicho, es casi imposible. Por ello, la gente se lanzó a la aventura de producir su propio tv show y emitirlo y promocionarlo utilizando las herramientas que la Red ofrece.

Si nos centramos en el caso español, el primer paso, o, al menos, el más sonado, lo dieron Natxo del Agua y Rubén Ontiveros, con el inicio de Qué vida más triste, una serie de capítulos de bajo presupuesto, grabados en el mismo escenario, pero con mucho humor y mucha originalidad en sus guiones. La serie fue un éxito desde su inicio en 2005, tanto que La Sexta decidió comprar el producto para emitirlo por televisión. El sueño de todo creador independiente. Un sueño que parece haberse acabado este verano tras la decisión de la cadena de no renovar la serie. Para los fans queda el consuelo de “Descarga completa“, una nueva producción de Ontiveros con los dos protagonistas de siempre, Borja y Josebas, que se dedican, en episodios de escasa duración, a dar su particular versión sobre las películas que están en cartelera. No es Qué vida más triste, pero algo es algo.

Cansados de malvivir


Después del éxito de QVMT muchos se lanzaron a la aventura de grabar su propia serie de televisión y emitirla por Internet. Una simple búsqueda en Google nos basta para darnos cuenta de ello. Sin embargo, son unos chavales de Sevilla los que han sorprendido a todo el mundo por la originalidad y la brillantez de sus guiones, pero, sobre todo, por la calidad técnica de su producto, para el que no cuentan con demasiados medios y con un presupuesto casi nulo.

Es el caso de Malviviendo, que con su primera temporada, de sólo 10 capítulos, ha logrado cautivar a una amplísima masa de fans que ya piden a gritos el inicio de una segunda tanda de episodios.

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